La sociedad valenciana en 2020

Rafael Blasco,
Coordinador del Grupo Valenciano del Capítulo Español del Club de Roma

Hablar de la sociedad valenciana de 2020, a diez años vista, es un ejercicio arriesgado, pero también muy interesante y atractivo.

Ante ese reto uno puede hacer dos cosas, entre muchas otras: decir una serie de generalidades, tan respetables como, tal vez, poco sugerentes, o uno puede arriesgarse un poco más, y tratar de dibujar los contornos de esa nueva sociedad.

He elegido el segundo camino, espero que con moderación y razonable cálculo. No se trata, en absoluto, de un ejercicio de fabulación.

Y ya empiezo diciendo que la sociedad valenciana de 2020 tendrá, aproximadamente, entre 5,5 y 6 millones de habitantes. Ello supone una demografía muy potente, superior a la de diferentes países europeos, como ya sucede ahora (Irlanda, Estonia, Lituania....) y también superior a la de otros países con los que ahora mantenemos una paridad, como es el caso de Dinamarca o Eslovaquia.

Ese crecimiento será protagonizado por sus ciudades más grandes. Castellón será, casi con toda seguridad, de las cuatro ciudades mayores valencianas, la que experimentará un mayor crecimiento porcentual. Siendo los hinterlands de Valencia y Alicante los entornos urbanos que crecerán más en términos absolutos.

Las ciudades intermedias del interior crecerán muy poco, confirmando una tendencia que lleva varias décadas, y sí lo harán, aunque más moderadamente que en la última década, las ciudades intermedias costeras: Gandía, Calp, Torrevieja…

¿Qué sociedad vivirá en ese mapa de geografía humana? Será una ciudadanía no muy diferente a la actual, obviamente. Pero sobre todo porque el gran cambio de sociedad se ha producido en esta década. La gran revolución social se ha consolidado entre los años 2000-2009.

En este periodo, tan reciente, la Comunitat Valenciana ha pasado a ser una sociedad mestiza, con un porcentaje de población extranjera que es muy superior no solo a la del resto de España, sino también al de las comunidades de Cataluña y Madrid, las más dinámicas. También sorprende valorar que el porcentaje actual de población extranjera de la Comunitat Valenciana es muy superior al de los grandes estados europeos que han sido receptores tradicionales de inmigración: Alemania, Francia, Reino Unido.

Esa tendencia se irá incrementando en los próximos años.

La sociedad valenciana de 2020 podría contar con un millón y medio de inmigrantes. Porque la actual crisis económica, tan cruda y tan inefizcamente abordada por el gobierno de la nación, desaparecerá en los próximos tiempos.

Y aunque el modelo económico sufrirá cambios que podríamos llamar culturales y también en el ámbito de los valores, volverá el crecimiento, aunque de un modo más lento y armonioso. También volverá, y con fuerza, la incorporación constante de personas extranjeras a nuestra sociedad.

Los sociólogos ya anuncian que para 2050 Europa necesitará varias decenas de millones de inmigrantes. Pues bien, en nuestra Comunitat podrían recalar, de aquí a esa lejana fecha, no menos de dos millones de personas. La inmigración no es un suceso puntual, un fenómeno transitorio. Es el futuro, es lo propio de las sociedades modernas desarrolladas.

La sociedad valenciana, además, ha aceptado de muy buen grado esa realidad. Es más, está muy satisfecha de la gran aportación que los inmigrantes hacen a la nueva sociedad. Porque la inmigración es una oportunidad para la inmigración pero también para la población autóctona.

Esos nuevos inmigrantes de la década que viene se unirán a los cerca de novecientos mil que ya viven en la tierra valenciana. Personas que están configurando, de un modo veloz y a la vez ordenado y pacífico, una nueva sociedad. Mestiza pero no multicultural. Igualitaria y plural.

Una sociedad creativa, confiada, moderna. Favorecida en todos los aspectos por los nuevos sistemas de comunicación telefónica. Por los vuelos baratos, por la fascinante revolución que supone Internet.

Esa nueva ciudadanía valenciana será en 2020 más integrada, más abierta. También será una sociedad más cosmopolita, más universal. Ello constituirá un reto extraordinario para, a la vez integrar y mantener la propia cultura valenciana. Que es una cultura universalista, proclive a la fusión y el diálogo.

Si pudiéramos ver ahora una imagen de una calle elegida al azar de cualquiera de las ciudades valencianas del año 2020 advertiríamos un mayor mestizaje de razas, de aspectos, de actitudes. Pero, a la vez, veríamos, curiosa y prometedoramente, una mayor cercanía entre esas personas.

Una mayor implicación, que se revelaría de muchas formas. Siendo la principal de todas ellas la solidaridad. La sociedad valenciana de 2020 será más solidaria, más preocupada por lo que sucede en el resto del mundo. Una sociedad más comprometida y participativa.

Los ciudadanos de 2020 se relacionarán con la administración mucho más intensamente que ahora, y lo harán a través de la comunicación electrónica.

El gobierno autonómico y también los ayuntamientos serán un foro de constante debate y diálogo con los ciudadanos. La nueva sociedad valenciana será más protagonista de su historia. Tanto individual como colectivamente.

También auguro una sociedad más sosegada, más ecologista, más consciente de sus derechos y deberes. Más igualitaria. Una sociedad en la que, vengan de donde vengan sus habitantes, compartirá proyectos comunes.

Será una sociedad más culta, más formada. Y ello porque la historia de la Humanidad es, pese a tanto dolor y guerras, la historia de un avance. La España de 2000 es infinitamente mejor que la España de 1900, y ésta que la de 1800.

La Comunitat Valenciana de 2020 será una sociedad donde el sector público tendrá una importancia decisiva, como ahora lo tiene, y donde las prestaciones sanitarias, educativas y sociales constituirán, aún más que ahora, el centro de toda acción pública.

Diré, por último, que en esa sociedad valenciana también se irán ido abriendo paso, poco a poco, los nuevos derechos humanos, aquellos que se denominan de “tercera generación”.

Derechos que, en definitiva, buscan perfeccionar un solo e irrenunciable derecho: el derecho a la felicidad. O, mejor y más cabalmente dicho, el derecho a la realización personal. A la plenitud. Lo que, sin duda, no excluye el dolor y muchas otras duras realidades propias de la condición humana, pero que las personas vivirán de un modo más sereno, más inteligente, con la ayuda de los poderes públicos y de los ciudadanos.

Rafael Blasco

Rafael Blasco

Coordinador del Grupo Valenciano del Capítulo Español del Club de Roma, miembro de la Junta Directiva del Capítulo Español del Club de Roma. Conseller de Solidaridad y Ciudadanía de la Comunitat Valenciana.